12.7.09

El final.

Salió de su choche a la vez que yo del mío, se acercó y me recogió la mochila. Hasta aquí todo era normal. Pero la puso otra vez en el asiento, y eso se salía de lo habitual.
-Vamos a dar un pase- propuso con una voz indirefente al tiempo que me tomaba de la mano.
No contesté. No se me ocurrió la forma de protestar, aunque rápidamente supe que quería hacerlo.Esto no me gusta, va mal, pero que muy mal, repetía de continuo una voz dentro de mi mente.
Él no esperó uan respuesta. Me condujo hacia el lado este del patio, donde lindaba con el bosque. Le seguí a regañadientes mientras intentaba superar el pavor y pensar algo, pero entonces me obligué a recordar que aquello era lo que pretendía: una oportunidad para aclarar las cosas. En ese caso, ¿por qué me inundaba el pánico?
Sólo habíamos caminado unos cuentos pasos por el espeso bosque cuando se detuvo. Apenas habíamos llegado al sendero, ya que todavía podría ver la casa. Era un simple paseo.
Edward se recostó en un árbol y me miró con expresión impasible.
-Está bien,hablemos- dije y sonó más valiente de lo que yo me sentía.
Inspiró profundamente.
-Bella, nos vamos.
Yo también inspire profundamente. Era una opción aceptable, y pensé que ya estaba preparada, pero debía preguntarlo:
-¿Por qué ahora? Otro año....
-Bella, ha llegado el momento. De todos modos,¿cuánto tiempo más podemos quedarnos en Forks?Carlisle apenas puede pasar por un treintañero y actualmente dice que tiene treinta y tres. Por mucho que queramos, pronto tendremos que empezar en otro lugar.
Su respuesta me confundió. Había pensado que el asunto de la marcha tenía que ver con dejar a su familia vivir en paz.¿Por qué debíamos irnos nosotros si ellos se marchaban también? Le miré en un intento de entender lo que me quería decir.
Me devolvió la mirada con frialdad.
Con un acceso de náuseas, comprendí que le había malinterpretado.
-Cuando dices nosotros...- susurré.
-Me refiero a mí y a mi familia.
Cada palabra sonó separada y clara.
Sacudí la cabeza de un lado a otro mecánicamente, intentando aclararme. Esperó sin mostrar ningún signo de impaciencia. Me llevó unos minutos volver a estar en condiciones de hablar.
-Vale-dije-.Voy contigo.
-No puedes,Bella.El lugar adonde vamos... no es apropiado para tí.
-El sitio apropiado para mí es aquel en el que tú estés.
-No te convengo,Bella.
-No seas ridículo-quise sonar enfadada,pero sólo conseguí parecer suplicante-.Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Mi mundo no es para ti-repuso con tristeza.
-¡Lo que ha ocurrido con Jasper no ha sido nada, Edward,nada!
-Tienes razón-concidió él-.Era exactamente lo que se podría esperar.
-¡Lo prometiste!Me prometiste en Phoenix que siempre permanecerías...
-Siempre que fuera bueno para ti-me interrumpió para rectificarme.
-¡No!¿Esto tiene que ver con mi alma,no?-grité furiosa,mientras las palabras explotaban dentro de mí, aunque a pesar de todo seguían sonando como una súplica-.Carlisle me habló de eso y a mí no me importa,Edward.¡No me importa!Puedes llevar mi alma, porque no la quiero sin ti,¡ya es tuya!
Respiro hondo una vez más y clavo la mirada ausente en el suelo durante un rato. Torció levemente los labios. Cuando levantó los ojos,me parecieron diferentes,mucho más duros, como si el oro líquido se hubiese congelado y vuelvo sólido.
-Bella, no quiero que me acompañes- pronunció las palabras de forma concisa y precisa sin apartar lso ojos fríos de mi rostro, obsevándome mientras yo comprendía lo que me decía en realidad.
Hubo una pausa durante la cual repetí esas palabras en mi fuero interior varias veces, tamizándolas para encontrar la verdad oculta detrás de ellas.
-¿Tú.. no... me quieres?- intente expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.
-No.
Le miré,sin comprenderle aún. Me devolvió la mirada sin remordimiento. Sus ojos brillaban como topacios, duros, claros y muy profundos. Me sentí como si cayera dentro de ellos y no pude encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que había pronunciado.
-Bien, eso cambia las cosas- me sorprendió lo tranquila y razonable que sonaba mi voz. Quizás se debía al aturdimiento. En realidad,no entendía lo que me había dicho. Seguía sin tener sentido.
Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
-En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que pasó la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano -me miró de nuevo;ahora,sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas-.He permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.
-No-contesté con un hilo de voz; empezaba a tomar conciencia de lo que ocurría y la comprensión fluía como ácido por mis venas-. No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían ido demasido lejos. Sim embargo, él también lo había hecho.
-No me convienes,Bella.
Invirtió el sentido de sus primeras palabras, y no tenía réplica para eso. Bien sabía yo que no estaba a su altura, que no le convenía. Abrí la boca para decir algo, pero volví a cerrarla. Aguardó con paciencia. Su rostro estaba desprovisto de cualquier tipo de emoción. Lo enteté de nuevo.
- Si... es eso lo que quieres.
Se limitó a asentir una sola vez.
Se me entumeció todo el cuerpo. No notaba nada por debajo del cuello.
-Me gustaría pedirte un favor, a pesar de todo, sino es demasiado-.dijo.
Me pregunté qué vería en mi rostro para que el suyo se descompusiera al mirarme, pero logró controlar las facciones y recuperar la máscara de serenidad antes de que yo fuera capaz de descubrirlo.
-Lo que quieres-prometí, con la voz ligeramente más fuerte.
Sus ojos helados se derritieron mientras le miraba y el oro se conviertió una vez más en líquido fundido que se derramaba en lso mios y me quemaba con una intensidad conmovedora.
-No hagas nada desesperado o estúpido- me ordenó,ahora sin mostrarse distante -¿Entiendes lo que te digo?
Asentí sin fuerzas.
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