18.10.11

Savior.


Le saco una foto a la estatua del Ángel, que el perro negro a su lado estaba mirando. Todo sucedió muy rápido. Al mirar la foto, solo había salido el perro como si hubiese fotografiado en otra dirección. Al mismo tiempo, sintió una extraña presencia detrás de él y no pudo voltearse. Yo veía toda la escena pasar en mi mente como si estuviera filmándolo. No sabía cómo lo estaba viendo, era imposible saber en dónde estaba y que hacia mientras yo me encontraba lejos.
Me transmitió un mensaje el cual expresaba que no podía moverse, y que se estaba desvaneciendo a causa de la aterradora presencia, que aún no veía. Sintió frio, y terror. Parecía que todo iba a acabar ahí. Pero yo no podía dejar que sucediera. Delante de sus ojos, lo último que pudo ver fue cómo la imagen se volvía borrosa y como se apagaba todo lentamente. Hasta que por fin perdió la conciencia.

No sabía que había ocurrido, era simplemente ilógico.  Podía asegurar que algo me lo había quitado sin más y no iba a quedarme sentada dejando que sólo pasara.
Intente buscarlo, sabía que se había desmayado, que esa extraña presencia lo tenía. Pero debía buscar su cuerpo. Era terrible pensarlo así, pero tenía que encontrarlo y esperar estar equivocada, y que esté bien. Y sabía que no era así.
Intente repasar la imagen que vi, las cosas a su alrededor. Adivinando qué posible lugar había visitado mientras esperaba a que se hiciera la hora para reunirnos. Fui a todos los lugares que se me ocurrieron, antes de largarme a llorar y desesperarme por saber que ya no estaba conmigo. No podía enloquecer, tenía que intentar algo.
Sabía que de alguna forma, ese ser extraño, había escondido su alma, su espíritu, en algún lugar de su cuerpo.  El cual sabía que tenía que encontrarlo, no podía desaparecer. Tuve el presentimiento de que el causante de todo estaba manipulando su cuerpo a su antojo. Aunque buscaba con desesperación no estaba preparada para lo que podría llegar a encontrarme.
Tras llegar por fin a aquel lugar, busque con atención a ese maldito Ángel, solo intentaba tomar una foto, ¿cómo pudo ocurrir esta locura?
Mi móvil comenzó  a vibrar en mi bolsillo, mire la pantalla, y mostraba su nombre. Me estaba llamando desde su móvil. Atendí rápidamente, pero sabía que no iba a escuchar su voz.
-Deja de buscar. Pierdes el tiempo.
Su voz sonaba profunda, misteriosa, fría y atrayente. La peor combinación para quien robo algo muy preciado para mí. Lo más importante.
La llamada había finalizado.

Me encontraba recorriendo los pasillos del colegio con la mirada perdida cuando el móvil vibro.
-¿Sigues intentando buscar una solución?
- No entiendo lo que has hecho.
-No se supone que debas entender.
Los alumnos salieron de las aulas. Y el ruido sonó por encima de su voz. Me había cortado el teléfono. Busque un baño que no se usara en el tercer piso y cerré la puerta.
Busque el número de la última llamada y lo marqué.
- ¿Sí?
-¿Qué debo hacer?
-No debes hacer nada. Ya no puedes.
Repase las mejores respuestas en mi cabeza, y conteste con firmeza.
-Hare lo que sea.
-¿Lo que sea?
-Lo que sea necesario.
-Está bien. Inténtalo.
Comenzó a decirme algunas de las cosas que debía hacer. Cosas que nadie querría hacer estando vivo. Pero esa era la complicación. Nadie lo haría si viviera para recordarlo. Pero yo no lo haría, de eso se trataba, no viviría.
-Se trata de un sacrificio.
-No me importa lo que me pase, mientras el viva. Pero quiero tener la confirmación de que aun está bien en algún lugar.
-No se supone que acepte tus condiciones, pero me impresionas. Quédate en un lugar sola y yo sabré donde estas.

Fui a su casa. Él único lugar que de seguro estaría completamente sola. Si él no estaba, la casa estaría abandonada y no tendría que ocurrir. ¿Qué pensarían si nadie vuelve a entrar o salir de aquí? Si se pierde cualquier actividad en la casa. Levantaría sospechas, y no habría forma de explicar lo que sucede, y nadie que me creyera. Pero eso no era lo importante.
Corrí solo un poco la cortina y en la noche, lo vi. Se encontraba enfrente de la casa, mirando hacia la ventana, era él. O por lo menos, era su cuerpo. Y estaba bien.
De la sorpresa que me lleve, cerré la cortina con un grito ahogado. Y al darme vuelta, el estaba ahí.
Lo mire como si nunca lo hubiese visto en mi vida. Era el. Estaba segura. Me tire encima y lo abrace, lo más fuerte que pude. Dando a entender que lo que quisiera separarme de él, no podría lograrlo. No otra vez.
Me abrazo en silencio y luego me soltó. Al alejarme note en su rostro que sabía lo que yo estaba por hacer, y lo lamentaba. Pero él no podía detenerme, nadie podía.
Le dedique una pequeña sonrisa mientras que lloraba en silencio. Sus ojos recorrieron mi rostro y su expresión era de sorpresa. Cerró los ojos y al abrirlos su mirada cambio. Era más fría y dura. Sabía que se había ido.
Me sorprendió que me mirara extrañado, como si no conociera a alguien capaz de arriesgar su vida por alguien a quien ama.
Me acerque y le hable al oído, haciendo caso omiso a que en ese cuerpo ya no estaba la persona a quien iba dirigido el mensaje.
-La decisión es mía y está tomada. Una vida por una vida. Y yo sé la de quien considero más importante.
Mi voz sonó dura, con decisión. Me aleje y vi en su rostro el aturdimiento.
-¿Qué haces?
-Dando un comunicado.
-No me refiero a eso.
-¿A qué, sino?
-¿Por qué lo haces?
-No te entiendo.
-¿Por qué arriesgar tu vida por la de otro? Cuando puedes salvarte a ti y seguir adelante.
-Eres tú el que no lo entiende.
-No, no te entiendo. Los humanos son egoístas, se aprecian más a uno mismo que a nada en el mundo. Deberías ser así. Como todos, no hay excepciones ni en casos extremos. Y no te entiendo.
- No puedes pedirme que siga adelante después de sacarme la mitad de mi vida. Cuando la vida que consideras más importante que la tuya pende de un hilo, las cosas cambian. Con lo que tú haces, no entenderías jamás. Esto pasa por tu culpa.
-Lo que hago no es porque quiero.  Estoy hecho para esto, sigo órdenes y tomo decisiones de quien merece la pena vivir.  Y en su mayoría, nadie lo merece.
-Eso es ilógico. Él no se merece esto.
-¿Tú si? ¿Crees que él haría lo mismo por ti?
-No es el caso, si lo hiciera o no, esto es decisión mía. Aquí cuenta lo que yo haga.
-Lo lamento, enserio. Pero ya sabes que hacer. Mañana ve al Ángel para terminar con esto de una vez.
Desapareció delante de mis ojos, dejándome con la triste mirada perdida en la nada.

Esa noche no dormí, para qué iba a hacerlo si finalmente iba a dormir para siempre. Era mi última noche.
Decidí quedarme en su casa. Me recosté en su cama, reflexionando.  Tuve que salir a hacer las cosas que debía hacer para empezar con ese maldito sacrificio. Todo era muy horrible, no podía creer lo que hacía. El odio por ese ser me llevo a hacer las cosas en una especie de transe, la maldad surgía y no podía evitarlo. Ante mis ojos todo estaba negro y yo envuelta en locura y en un odio profundo. Ya había empezado y tenía que terminar con esto. Iba a arriesgar mi vida, no solo arriesgarla, se la iba a entregar a  un ser extraño que todavía no sabía exactamente qué era. Pero estaba dispuesta a hacerlo, si pretendía llevarse una vida, iba a tener que ser la mía. No estaba dispuesta a seguir sola, yo sé que no lo soportaría.

El día nublado y gris daban ese toque de tristeza a mi día final. Era como lo imaginaba, él estaba mirándome desde el cuerpo de quien amaba, frente al Ángel. Sentía odio y desprecio por ese cuerpo por ser habitado por algo tan horrible. Nunca tuve tantos sentimientos confusos brotando a la vez.
Me acerque y lo mire. No sabía quién era, no sabía qué era.
-Terminemos con esto- dije con firmeza. Si todo tenía que terminar, prefería que fuese rápido.
- Cuando completes el sacrificio, dejare el cuerpo.
-Hazlo antes, no quiero que seas lo último que veo. No eres el recuerdo que quiero llevarme.
Me miro dudando, pero debía cederme mi petición. Iba a llevarse mi alma, qué más quería.
-¿Por qué haces las cosas más duras para ti?
El silencio duro unos segundos pero para mí eran eternos.
-No creas que ese sacrificio significa algo para mí. Yo no lo pedí, sigo órdenes de Ángeles con más poder.
Asique era eso. Un estúpido Ángel. No me importaba que fuese, ya no. Cualquier cosa que me pudiera sorprender, ya no tenía sentido. Estaba dándole mi puta vida a un Ángel para salvar la más importante.
-Sí, deberías entender que los Ángeles de la Muerte no eligen a la gente, no ésta vez. Solo sucedió.
-Terminemos con esto- repetí. No quería saber más nada. Solo que todo acabe para mí.
- Tu sacrificio solo cuenta si tomas esto-me entrego un frasco con un líquido lila burbujeante. Era patético. Muy de película. Pero la muerte estaba ahí, esperándome.  Asique destape el frasco, y al llevármelo a la boca, levante la mirada y lo vi. Era él. Recuperando el poder de su cuerpo, mirándome con los ojos desorbitados. Ya era tarde, el líquido recorría mi garganta, y todo se volvía oscuro. No sentí dolor alguno. Si esto era la muerte, le había temido durante toda mi vida para que me decepcionara. Temía sufrir, no le temía a la muerte, solo al dolor. Mientras me iba desvaneciendo y cayendo al suelo, me sujeto, mirándome, esperando una reacción, veía sus labios moverse pero no escuchaba ningún sonido salir de su boca. En realidad, no escuchaba ningún sonido, todo estaba tranquilo, pero sabía que no era nada bueno.
Lo mire y le sonreí, y por fin cerré los ojos. Y escuche una voz. La reconocía, pero era más tranquila, mientras hablaba la voz comenzaba a parecer más bien a un susurro.
Una vez que te desmayes, caerás en un sueño profundo, por unas horas. Ese líquido no era nada importante, no podía dejar que murieras, y tampoco podía dejar que nadie lo supiera o me condenarían a mí. Tu sacrificio significa demasiado, pero no para esta ocasión. Despertaras y todo volverá a ser como antes. Pero no vuelvas a este lugar, nadie debe saber que estas viva, ninguna presencia de este lugar. Si te preguntas por qué cambie de opinión, es simplemente porque no te llego la hora. No se puede escapar de la muerte, pero solo cuando te toca. Y tú no debías morir, hoy no. A pesar de todo, a partir de ahora vivirás siendo su Salvadora.


A.

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