2.11.12

Cincuenta.

La inquietud me atraviesa como una lanza, y me abrazo a mi propio cuerpo. ¿Qué hace? ¿Tendrá algún plan malvado? Mierda. Supón que vuelve con una vara o algún otro instrumento de perversión... Madre mía,¿qué voy a hacer entonces? Cuando vuelve,lleva algo pequeño en las manos. No veo lo que es, pero me muero de curiosidad.
-¿A qué hora es tu primera entrevista de mañana?- pregunta en voz baja.
-A las dos.
Lentamente se dibuja en su rostro una sonrisa perversa.
-Bien.
Y ante mis ojos,cambia sutilmente. Se vuelve duro, intratable... sensual. Es el Christian dominante.
-Sal de la cama. Ponte aquí de pie.-Señala a un lado de la cama,y yo bajo y me coloco allí en un abrir y cerrar de ojos. Me mira fijamente, y en sus ojos brilla una promesa-¿Confías en mí?-me pregunta en voz baja.
 Asiento con la cabeza. Me tiende la mano y en la palma lleva dos bolas de plata redondas y brillantes unidas por un grueso hilo negro.
-Son nuevas- dice con énfasis.
Lo miro inquisitiva.

-Te las voy a meter y luego te voy a dar unos azotes,no como castigo,sino para darte placer y dármelo yo.
Se interrumpe y sopesa la reacción de mis ojos muy abiertos.
¡Metérmelas! Ahogo un jadeo y se tensan todos los músculos de mi vientre. La diosa que llevo dentro está haciendo la danza de los siete velos.

-Luego cogeremos y,si aún sigues despierta, te contaré algunas cosas sobre mis años de formación. ¿De acuerdo?
¡Me está pidiendo permiso! Con la respiración acelerada,asiento. Soy incapaz de hablar.

-Buena chica. Abre la boca.
¿La boca?

-Más.
Con mucho cuidado,me mete las bolas en la boca.

-Necesitan lubricación. Chúpalas-me ordena con voz dulce.
Las bolas están frías,son lisas, pesan muchísimo,y tienen un sabor metálico. Mi boca seca se llena de saliva cuando explora los objetos extraños. Los ojos de Christian no se apartan de los míos. Dios mío,me estoy excitando. Me estremezco.
-No te muevas,Anastasia- me adviete-. Para.

Me las saca de la boca. Se acerca a la cama, retira el edredón y se sienta en el borde.
-Ven aquí.

Me sitúo delante de él.
-Date vuelta,inclínate hacia delante y agárrate los tobillos.
Lo miro extrañada y su expresión se oscurece.
-No titubees- me regaña con fingida serenidad y se mete las bolas en la boca.
Carajo,esto es más sexy que la pasta de dientes. Sigo sus órdenes inmediatamente. Uf, ¿llegaré a los tobillos? Descubro que sí, con facilidad. La camiseta se me sube por la espalda, dejando al descubierto mi trasero. Menos mal que me he dejado la bombacha puesta, aunque supongo que no me va a durar mucho.
 Me posa la mano con reverencia en el trasero y me lo acaricia suavemente. Entre mis piernas solo atisbo a ver las suyas, nada más. Cierro los ojos con fuerza cuando me aparta con delicadeza la bombacha y me pasea un dedo despacio por mi sexo. Mi cuerpo se prepara con una mezcla embriagadora de gran impaciencia y excitación. Me mete un dedo y lo mueve en círculos con deliciosa lentitud. Oh, qué gusto. Gimo.
Se me entrecorta la respiración y lo oigo gemir mientras repite el movimiento. Retira el dedo y,muy despacio,inserta los objetos; primero una bola, luego la otra. Madre mía. Están a la temperatura del cuerpo,calentadas por nuestras bocas. Es una curiosa sensación: una vez que están dentro,no las siento, aunque sé que están ahí.
Me vuelve a poner la bombacha, se inclina hacia delante y sus labios depositan un beso tierno en mi trasero.

-Ponte derecha- me ordena y,temblorosa, me enderezo.
¡Huy! Ahora sí que las siento...o algo. Me agarra por las caderas para sujetarme mientras recupero el equilibrio.

-¿Estás bien?- me pregunta muy serio.
-Sí.
-Date vuelta.
Giro hacia él.
Las bolas tiran hacia abajo y ,sin querer, mi vientre se contrae alrededor de ellas. La sensación me sobresalta,pero no en el mal sentido de la palabra.
-¿Qué tal?- pregunta.
-Raro.
-¿Raro bueno o raro malo?

-Raro bueno- confieso ruborizándome.
-Bien- Asoma a sus ojos un vestigio de humor- Quiero un vaso de agua. Ve a traerme uno,por favor.
Oh.
-Y cuando vuelvas,te tumbaré en mis rodillas. Piensa en eso, Anastasia.
¿Agua? ¿Quiere agua ahora? ¿Por qué?

Cuando salgo del dormitorio, me queda clarísimo por qué quiere que me pasee; al hacerlo, las bolas me pesan dentro, me masajean internamente. Es una sensación muy rara y no del todo desagradable. De hecho, se me acelera la respiración cuando me estiro para tomar un vaso del armario de la cocina, y ahogo un jadeo. Madre mía. Igual tendría que dejarme esto puesto. Hacen que me sienta deseada...

No hay comentarios: